Publicar libro de poesía
Afortunadamente y gracias a las nuevas técnicas de impresión publicar un libro de poesía no es tan difícil como lo era antes. Debes tener en cuenta que la poesía tiene un carácter minoritario por lo que como autor debes hacer un esfuerzo para dar conocer la obra que publicas. Libro de poesía es parte del Grupo Editorial Pérez-Ayala por lo que si quieres publicar con nosotros debes enviar tu obra en formato Word acomapañada de tus datos personales a editorial@poesiaerestu.com, allí evaluaremos la obra y veremos si es apta para su publicación.

BUENOS DÍAS, DON PLETÓRICO – Paco Bello

Título: BUENOS DÍAS, DON PLETORICO

http://donpletorico.librodepoesia.com

 

Autor: Paco BELLO (2009)

http://www.pacobello.es

 

ISBN-13: 978-84-937016-1-1

Editorial: Poesía eres tú

http://www.poesiaerestu.com

 

PVP:12 Euros (IVA Incluido). 11,54 Euros (Sin IVA)

 

Después de “El olor del bosque ha roto mi computadora”, regresa Paco Bello con una nueva entrega de poemas que a menudo parecen pequeños cuentos, e incluso, a veces lo son. Su finalidad es conseguir arrancar una sonrisa plácida al lector, y a la vez, remover el laberinto de los sentimientos ocultos, tanto al optimista que suspira por las noches en la oscuridad de la cama, como al pesimista que se levanta con secreta parsimonia todas las mañanas y le guiña un ojo al rotundo espejo.

 

Los textos de Paco Bello son como la lluvia que va creando charcos donde luego el sol se refleja. Todo encierra vida. Por eso mismo, todo libera un poema..

 

 

EL AUTOR:

 

Paco Bello (1972).

 

Usa la mano derecha para escribir, y la izquierda para sujetar el folio que sino el viento se llevaría.

 

Cantautor madrileño nacido en Málaga por casualidad.

 

Sus dos últimas grabaciones en cd se titulan “Esos amaneceres” y “El mar nos mira”.

Éste es su segundo libro de poesía.

 

Ahora mismo se encuentra escribiendo su cuarto libro. El tercero lo ha dejado para más adelante.

 

EXTRACTO DE LA OBRA:

 

 

Íntimo equilibrio

 

Soy un suertudo.

 

Mis ojos

distinguen

la Luna

de

la Noche.

 

Mis oídos

te redescubren

cada vez

que sonríes

por teléfono.

 

Mi nariz

fantasea

bajo la calma

de un árbol

primaveral.

 

Mis manos

consiguen

calentar las tuyas

después de la guerra

de bolas de nieve.

 

Mi boca

encuentra

en tu ombligo

sus ganas de existir.

Soy un suertudo.

 

Y algún día

lo diré sin miedo

 

 

 

Cuestiones

 

Que yo pueda

permitirme

un yate

una vuelta al mundo

un no trabajar

una mansión

en lo alto de un acantilado

 

es sólo cuestión de dinero.

 

Que yo

sepa disfrutar

del yate

de la vuelta al mundo

de un no trabajar

y de mi mansión

en lo alto del acantilado

 

es otra cuestión

que depende

de que yo pueda

permitirme un yate

una vuelta al mundo

y

ver más arriba.

 

 

Estrechez

 

El edificio

en el que vivo

se encuentra

a escasos

veinte metros

de otro edificio

en el que viven

aquellos que tienen

el edificio en el que vivo

a escasos veinte metros,

ya ves qué casualidad.

 

Algunas mañanas

me acerco a la ventana

y observo

la angosta terraza

de enfrente

donde

una señora

de avanzada edad

contempla

cómo yo la contemplo

mientras deshoja

una margarita

cuyos pétalos

caen

abandonados

sobre

el techo

de un coche

apretadamente

aparcado

cuyo seguro

venció

hace ya

dos años

y que

curiosamente

es el mío.

 

Cojo un trapo

y hago

como que limpio

los cristales.

 

Nos miramos

durante tanto tiempo

que

no tiene sentido

que ni siquiera

sonriamos       un poco.

 

 

En busca del sosiego perdido

 

Me apunté a la manifestación.

Simplemente fui.

Al principio bien, se siente uno

muy arropado,

momentáneamente

resuelto por dentro.

 

Compartes impresiones

con tus vecinos de consigna.

Piensas que un granito de arena

no es poca montaña

 

y mientras tanto

 

empieza a llover,

y te acuerdas de su cumpleaños,

no has ido a visitarla,

puedes ir cualquier día,

ella siempre está en casa.

Aunque no lo parezca,

está en casa.

Lo dicen las flores.

 

Te has acordado justo ahora:

en la fronda de una multitud

insistente

insoslayable.

 

La policía

empieza a disparar

pelotas de goma. Justo ahora.

 

Toca correr.

 

Gracias, prefiero caminar.

 

“Voy en busca del sosiego perdido”,

le comento a un agente que me alcanza

por la espalda.

“Sé dónde encontrarlo, pero no quiero ir

porque allí no hay muchedumbre.”

 

Me introducen

en un furgón blindado

y me dejo llevar, y el jaleo alrededor

desaparece,

y ya no sé quién soy,

y eso es maravilloso.

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