El verde todavía respira

Hay un verso en Afectos en tierra herida que podría servir de lema para todo el libro: «El verde todavía respira». Lo escribe José Escolano Gil en la sección que dedica a la naturaleza, y lo escribe sin énfasis, como quien se asoma a la ventana y constata que el árbol sigue ahí. Es un verso modesto y es un verso exacto. Dice, en cinco palabras, que algo está en peligro y que aún no está perdido, y esa mezcla de alarma y de terquedad es la que atraviesa las doscientas cuarenta páginas de este poemario que Editorial Poesía eres tú publica en 2026.

El libro se despliega en cuatro estaciones: Amor, Desamor, Ecopoesía y Desarmonías vivenciales. Como suele ocurrir con las estaciones, no se separan del todo. El mar, que en la primera parte es el cuerpo del deseo, vuelve en la tercera como paisaje amenazado y en la cuarta como horizonte de esperanza, y esa recurrencia permite que lo íntimo y lo público no se sientan como dos libros pegados. «Anoche soñé que era el mar» abre el recorrido con una imagen de ternura casi infantil: la voz que se hace mar, los niños que excavan castillos en la arena de su cuerpo, los piratas que peinan sus cabellos en busca del tesoro hundido. Es un poema de amor sin pudor ni ironía, y se agradece.

El desamor tiene su propia música, y es, literalmente, una música de ruidos. «Adiós forever» se compone de onomatopeyas, de «Tic, tac» y «Toc, toc, toc», de un «Riiiiiing» que se estira hasta la desesperación y de una palabra, «tac», que termina deshaciéndose en tres letras sueltas una debajo de otra. Pocas veces la poesía en español reciente ha representado la espera con tan poca retórica. Lo que hace el poema es retirar las palabras para que el silencio de después se oiga más. Es el hallazgo formal más claro del libro, y quizá el que mejor demuestra que Escolano Gil sabe cuándo callar.

En la sección de ecopoesía, la dicción se vuelve más seca. El verde que respira se opone a la «gris tierra de ceniza» que un día será, y la voz acusa sin dar nombres a quienes buscan «beneficios de oficio inmediato». Cierra el poema con un deseo que es también una imagen: un mar solidario que con su amorosa fuerza apague el incendio. No hay en estos versos la voluntad de convencer por acumulación, y es lo que los hace creíbles.

Con la cuarta parte, la más larga, el libro cambia de ritmo. Aquí abundan los poemas de denuncia y también las listas, los adjetivos encadenados, las abstracciones. Algunos de estos textos pierden la fuerza que sí tienen los poemas que se apoyan en una sola figura, como «Sobre la guerra», que repite cuatro veces «Nunca habrá paz» y condiciona cada vez esa paz a algo distinto, hasta terminar con las rosas de la justicia lanzadas hacia el mar de la libertad, o como «El día del libro», que enumera días conmemorativos con un polisíndeton incansable y se quiebra con un «pero» que invierte la lista en una letanía de ausencias. Cuando el poema deja trabajar a la imagen, la convicción se hace verso. Cuando la anticipa, se queda en proclama. Esta es la objeción principal que cabe hacerle al libro: en los textos más extensos de la última parte, la voz dice lo que el poema ya había mostrado.

Hay también una veta de fábula que merece mención. «Libre espíritu» cuenta la historia de una hormiga atada a la cadena establecida que decide correr por otros senderos, y la cuenta en tercera persona y sin moraleja, hasta que el último verso, el más largo del poema, la deja ver «la verdadera luz en las alturas conquistadas». Es un poema que no necesita explicación y que admite varias lecturas, de la emancipación personal a la colectiva. En esa distancia está lo mejor de Escolano Gil: cuando se retira un paso del alegato, la imagen trabaja sola.

El autor nació en Vergel, Alicante, en 1954. Fue profesor de francés en secundaria y es maestro de taichí, y entre sus libros anteriores figuran los poemarios Más allá del mar azul, Undécimas endecasílabas y En el nombre del Amor. Se nota en este volumen la serenidad de quien escribe sin urgencia de brillar. Hay un deseo de claridad que a veces roza la literalidad, pero que casi siempre se mantiene del lado de la verdad emocional.

Afectos en tierra herida es, al final, un libro de afecto y de conciencia, y las dos cosas se miden mutuamente: el afecto es lo que permite ver el daño, y el daño es lo que da urgencia al afecto. No es un libro que pretenda renovar la lírica; es un libro que quiere ser entendido, y lo consigue con una constancia que merece respeto. Quien busque un poemario donde el amor y la denuncia convivan en la misma lengua encontrará aquí un buen lugar.

Está disponible en https://librodepoesia.com/libro/afectos-en-tierra-herida-jose-escolano-gil/ y en https://gepa.es/producto/afectos-en-tierra-herida-jose-escolano-gil/ (Editorial Poesía eres tú, 2026, ISBN 979-13-87806-52-1, 18 euros). Ficha editorial con cinco poemas del libro: https://poesiaerestu.com/afectos-en-tierra-herida-jose-escolano-gil/.

— Ana María Olivares

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